Los elogios/ una video-instalación colaborativa, un encomio de la condición humana: acerca de la forma en que los individuos y las sociedades experimentan el mundo.


Los elogios son figuras retóricas en las que se pone de manifiesto el agrado, la aprobación o el gusto por las cualidades de un objeto, una acción o incluso una situación.

En su origen clásico, el elogio aparece en la obra de Pindaro, (518 a.C) que escribió las “odas triunfales (u olímpicas)” en donde elogiaba a los ganadores de los juegos olímpicos.

Entre los sofistas, el elogio (en el discurso) se utilizaba como una herramienta de poder para seducir, convencer y hacer triunfar una postura sobre otra. Un ejemplo de ello es “El elogio de Helena” que escribió Gorgias, en el que defendía a Helena de las acusaciones históricas, al argumentar que fue víctima del destino, el amor, o el poder hipnótico de las palabras.

Uno de los elogios mas encomiables de la humanidad es el “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam, un elogio a las "ventajas" de la estulticia (ignorancia) sobre la razón.

Los elogios de Imanol, se inscriben en esta tradición desde una perspectiva contemporánea. La videoinstalación propone una serie de encomios dedicados, no a las virtudes convencionales, sino a experiencias que atraviesan la condición humana: el miedo, el desencuentro, la conurbación, la despedida, la noche, el milagro, el delirio y la vergüenza. Estados de transición, incertidumbre y vulnerabilidad que lejos de ser negados, son reconocidos como parte constitutiva de la existencia.

La obra se construye a partir de un tejido colaborativo: composición sonora y video.  Los videos (de corte experimental) ilustran las composiciones utilizando distintas técnicas de edición, filtros de color, superposiciones, yuxtaposición de imágenes, entre otros recursos videográficos que dotan de diversidad a la discursividad de los “Elogios”.

Cada fragmento aborda una experiencia específica desde una lógica poética, más que narrativa. El miedo aparece como una emoción primordial representada mediante la superposición de planos que oscilan entre el límite y el impulso; el desencuentro explora la paradoja de converger sin coincidir; la conurbación establece una analogía entre el crecimiento de la ciudad y el cuerpo humano, donde las calles funcionan como arterias y los espacios de convivencia como células en permanente transformación. La despedida se presenta como fin o principio de algo.  La noche se presenta como territorio de libertad y de pulsión dionisíaca; el milagro celebra la persistencia misma de la existencia, mientras que la vergüenza revela la fragilidad moral desde la cual también se construye la experiencia humana.

Más que una serie de piezas independientes, Los elogios configura un recorrido sensible por distintas formas de habitar el mundo.














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