"Siempre amé con la furia silenciosa de un cocodrilo aletargado" : Un performance de poesía de y ruido en sala silvestre.
El sábado 21 de marzo celebramos el día mundial de la poesía en "sala silvestre" con un performance a cargo de Noviembre y Kevin KMDQ, un hibrido de poesía y ruido, una pieza transmedial que giraba en torno al antropoceno, a la destrucción del planeta, y al lugar del amor en entornos apocalipticos.
Para poder habitar este mundo es menester transformarse en cocodrilo: ”Hay que meterse bajo la dura piel del cocodrilo: animal que soporta, persevera y no se esconde: sigue allí bostezando, o a lo mejor, riéndose de nosotros. El cocodrilismo consiste en refutar el dolor con humor " Efraín Huerta
El performance:
"me gusta lo teatral, pero no me gusta el teatro” me comentó Noviembre antes de empezar el performance.
Noviembre preparo el escenario con distintos elementos. Formo un semicírculo con unas flores, inflo globos (qué después tronó durante la lectura de algunos versos liberadores) y con la cabeza cubierta por una tela, comenzó el conjuro. primero de píe, después sentado en el piso, luego de rodillas, siempre con el cel en la mano (el texto luz), el cuerpo de noviembre fue tomando distintas posturas conforme avanzaba la noche.
Un performance de literatura expandida:
El performance es un arte casi inexistente en Durango; se practica muy poco.
Durante el performance, Kevin "KMDQ" genero diversas atmósferas sonoras-ruidistas con una técnica electrófona fascinante y radical; el "no input mixer". El sonido, era una especie de eco maquínico, la mezcladora conectada a sí misma, amplificandose a sí misma, hackeada en el feedback, patcheada del output al input, una mezcladora alimentándose a sí misma en bucle feroz. Kevin extraía glitches y sonidos ruido diversos con texturas nítidas , y los controlaba moviendo las perillas de la mezcladora con presición, mientras seguía cuidadosamente las palabras y afectaba la voz que emitía Noviembre.
El performance "Siempre amé con la furia silenciosa de un cocodrilo aletargado" fue un pequeño acto de resistencia sensorial, un ritual donde el ruido no fue estridencia sino refugio, donde la palabra no fue ornamento sino piel. El amor —en pleno capitaloceno — no es ternura sino persistencia. Cocodrilismo puro: soportar, perseverar, reírse incluso, con la boca apenas abierta, ante el desastre. Y seguir allí.
Fotos: Bárbara Gómez Castelán y Diego Matuk
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